No quería escribir sobre esto,
pero me imagino que no podía dejar que esto pasara sin dedicarle diez minutos a
pensar sobre el tema. Y es que a mi pesar, soy opositora.
Y sí, lo digo claro, a mi pesar.
No siempre tuve vocación docente (y todavía hay quien me puede echar en cara
los famosos “profe ni en pintura” que decía con 20 añitos) pero desde que
decidí que este iba a ser (o quería que fuera) mi destino, le dediqué el mayor
de mis esfuerzos, la mayoría de mi tiempo a intentar ser todo lo mejor que pudiera
serlo.
No tardé mucho en darme cuenta
que este es un mundo, entre otras cosas, injusto, porque no todo el mundo juega
en igualdad de condiciones.
Me resigné y decidí que
opositaría.
Muchos opositores te dirán que es
un sacrificio, muchas horas de estudio y mucha incertidumbre. En mi caso además
es un problema: tengo malísima memoria y además, nunca he creído que una nota
sea el reflejo del conocimiento de una persona.
Aún así, como he dicho, me
resigné y estudié. Sacrifiqué un año de mi vida, no salía a la calle… y saqué
un seis. No me lo podía creer.
Pensé en no opositar (o como lo
llamo yo, oponerme) nunca más, pero este año pensé que si de verdad quería
dedicarme a la educación (y al menos hasta ayer, tenía claro que era a lo que
quería dedicarme) era probablemente la mejor opción.
Volví a sacrificar mi tiempo
libre, a tragarme mis principios y mis pensamientos sobre el método de
selección y me puse a estudiar.
Y aquí es dónde comienza el
autentico tango del opositor. Desde finales de Octubre que decidí ponerme a
estudiar he empezado a estudiar 4 veces, con tres temarios diferentes: el
temario antiguo (el de 1993), el del pre-borrador, el del boe, el antiguo otra
vez. Aún así, parece que no he estudiado nada.
A día de hoy no sabría decir si
estoy cansada, enfadada, triste o desilusionada. Porque probablemente no sea
eso. Creo que no estoy ni tan siquiera indignada.
Podría enfadarme, podría hablar
sobre esa supuesta excelencia en educación de la que tanto se habla y por la
que tan poco se apuesta, podría hablar de Finlandia o de tantas cosas… Pero en
realidad no tengo tiempo.
Quedan 4 meses y nos han vuelto a
cambiar las reglas de la partida. Ahora sí es verdad que me he planteado no
examinarme. De hecho, ahora estoy esperando que no se convoquen.
Lo triste es, que en mi pesimismo
congénito, empiezo a pensar que si a los 20 era mucho más sabia que a los 26 y
eso de la educación no es para mi… Pero procuraré pensar rápido y en silencio,
que tengo 69 temas que estudiar… me voy con mi tango del opositor a otra parte..
PD: He escogido el tango porque
es una música amarga y atrayente… seductora y triste… Un baile espectacular e
imposible… una perfecta metáfora del mundo oposicionil.







